Ayer...Dios vino a visitarme
y toco a mi puerta..
sali a ver quién era:
y vi a un niño con pies descalzos y sucios
parado frente a mi;
Sus ojos marrones y llorosos
hicieron que mi sangre se congelara
y mi respiración disminuyera una milésima
de segundos.
El aire caliente de verano se esfumó
y el tiempo quedo paralizado
cuando con sus suaves palabras me dijo:
“tengo sed…tienes agua para mi ?”
No sé que sucedió esa milésima de segundos
que mi corazón salto de emoción...
fueron sus cabellos que brillaban por el sol?
o porque esa temprana mañana
era el primero en regalarme una sonrisa?
Fue casi por un impulso
que corrí hasta la cocina; abrí la heladera
y saque tres botellas
de agua mineral bien fría
y se los di para que bebiera...
Mientras lo hacia, observaba su humilde carrito
con un flacuchento caballo tirando de el
Intenté leer lo que de manera ilegible
tenia como letrero y lo que decía era:
“Se vende Sandia”
Bebió toda el agua...
como si nunca antes lo hubiera hecho
mientras lo observaba, elegi comprar una sandia
(la que me pareció la más adecuada) y le pague.
Me dijo con su voz de niño que era su primer cliente
y que eso significaba un día de suerte o de un día
de muchas ventas para el...
Note que en su rostro se dibujaba mucha felicidad
y antes que partiera le dije: “lleva todas las botellas”
el me respondió en su dulce idioma guarani: “peteinte ja omachama”
(uno es más que suficiente).
Se fué...
Y quede mirando las demás botellas
Y quede mirando las demás botellas
y al carrito doblar la esquina
cuando un frío viento inusual soplo mi rostro
y el sol brillo con mayor intensidad
tanto que cuando volví a mirar hacia esa esquina:
el carrito ya no estaba… había desaparecido
tan pronto? tan fugaz?
Fue un sueño? Un espejismo? mil preguntas fueron
como un haz de luz que pasaron por mi mente.
como un haz de luz que pasaron por mi mente.
No sabia si llorar o reír
mi alma se confundió con el recuerdo de aquel niño; con su mirada tierna
y su tez quemada por el viento.
Recordé las palabras del Salvador que alguna vez leí:
“cuando tuve sed me disteis de beber"
fui a la cocina ( todavía un poco confundido )
y parti a la mitad aquella sandia ( que ahora no solo era una evidencia
de lo que había ocurrido si no también un regalo )
y para mi sorpresa era la sandia más roja y bien madura que jamás había visto
creo que temblé yo o fue el piso
porque mi espíritu respondió sollozando por dentro
y mis lagrimas al momento lo secundaron
pueden decir que estoy loco pero solo me resta decir que:
Ayer...Dios vino a visitarme

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